#39 – Isabel Castello Botia, Londres, Reino Unido

 

PARTE I: Preguntas cortas: 

  1. Nombre completo: Isabel Castello Botia
  2. Lugar de nacimiento: Cartagena pero soy de Valencia
  3. Residencias en etapas internacionales: Londres
  4. Cargo y empresa: Corporate Affairs Associate Director
  5. Situación personal: (pareja, hijos…): soltera con mellizas (6 años)
  6. Hobbies: Cocinar y organizar eventos con amigos y familia, stand-up comedy/ monólogos y yoga.
  7. ¿Cómo titularías este capítulo de tu vida?: Contruyendo puentes
  8. ¿Qué cosa NO cambiarías de ti?: Creatividad y sentido del humor

PARTE II: Preguntas largas:  

Piensa en el momento en el que te dijeron que tendrías la oportunidad de irte fuera. ¿Qué sentiste? ¿Lo dudaste? ¿O te lanzaste a la piscina sin pensarlo?

No fue una decisión profesional, sino personal: vine a Londres por amor. Y aunque en ese momento no pensaba que me quedaría para siempre, sentía que era una oportunidad que tenía que aprovechar. No lo dudé demasiado porque, en el fondo, sabía que quedarse era más arriesgado que irse.

Desde siempre me ha movido la curiosidad y las ganas de explorar, de cambiar de perspectiva. Ya había probado muchos caminos en España—farmacia, docencia, universidad, un máster en salud pública, un doctorado…—pero sentía que me faltaba algo. Y cuando llegué aquí, me di cuenta de que lo que realmente me fascinaba era esa sensación de apertura, de poder ver el mundo desde muchos ángulos distintos.

¿Hubo algo o alguien en particular que te ayudó a dar el paso hacia adelante y decir “sí, me voy”?

El amor fue lo que me trajo a Londres, pero en el fondo, había algo más profundo: la necesidad de salir de mi zona de confort, de ver el mundo desde otra perspectiva, de aprender y crecer en un entorno completamente distinto.

Además, creo que hay una frescura y una maravillosa inconsciencia en la edad. A los 29 años, tenía esas ganas de comerme el mundo, esa mezcla de valentía e impulsividad que te hace lanzarte sin pensar demasiado en lo que dejas atrás. Con menos responsabilidades y más libertad, es fácil dar el salto sin mirar tanto al pasado. Ahora, con el tiempo y la experiencia, sigo viendo en mí a aquella chica que llegó a Londres con una maleta llena de sueños, pero también he aprendido a valorar las decisiones con una mirada más pausada y consciente.

¿Te habían ofrecido antes una experiencia similar y dijiste que no? ¿Por qué?

Nunca había tenido una oferta concreta, pero sí había pensado en salir fuera. Sin embargo, siempre encontraba una razón para quedarme: el trabajo, la estabilidad, la comodidad… Londres fue distinto porque no fue una decisión racional ni calculada, sino emocional. Y, curiosamente, ha sido la mejor decisión profesional de mi vida.

¿Cuáles son las diferencias más notorias entre España y tu nueva ubicación?

La multiculturalidad de Londres me abrió la mente de una manera que no esperaba. Aquí he aprendido a trabajar con personas de todo el mundo, a adaptarme a distintos estilos de comunicación, a pensar “outside the box”. España es mi hogar, pero Londres me ha enseñado a ver el mundo sin fronteras.

A nivel personal, intento que mis hijas crezcan con lo mejor de los dos mundos. Me hace mucha ilusión que, a pesar de estar en Londres, vivan la cultura española en casa: desde la comida hasta las canciones (Sofía canta “Mi carro me lo robaron” como si hubiera nacido en Andalucía). Es mi manera de mantener ese vínculo con España, porque, aunque ahora me quede por ellas, siempre intento volver en cuanto puedo.

¿Qué ha sido lo más difícil de adaptarte a tu nueva ubicación? ¿Has sentido algún shock cultural?

Al principio, la forma de socializar me costó. En España, las relaciones son más espontáneas, más cálidas. Aquí, todo es más estructurado, más reservado. Me llevó tiempo entenderlo, pero también aprendí a valorar la independencia y el respeto por el espacio personal.  Y  luego está el clima… pero bueno, ese es otro tema.

¿Cómo se compara tu vida de ahora con la que te imaginabas de pequeña?

Nunca me imaginé viviendo en Londres. De pequeña pensaba que mi camino estaba claro: estudiar, encontrar un buen trabajo en España, tener estabilidad. Pero lo que sí tenía claro era que quería dedicarme a algo relacionado con la salud pública. Siempre me ha gustado ayudar, tener un impacto positivo en la sociedad.

Si algo he aprendido es que lo importante no es aferrarse a una idea fija, sino estar abierta a nuevas oportunidades. Porque a veces, lo que nunca planeaste se convierte en lo mejor que te ha pasado.

¿Qué has aprendido sobre ti esta última etapa en el extranjero, y qué ha aportado a tu carrera profesional?

He aprendido a ser más flexible, más abierta a nuevas formas de pensar. Antes daba mucha importancia a los detalles, a que todo fuera perfecto. Con el tiempo, entendí que la clave está en adaptarse, en encontrar soluciones, en ver el “por qué” de cada situación. Ya no se trata solo de hacerlo bien, sino de entender el impacto de cada decisión, de cada paso. Y esa mentalidad me ha ayudado tanto en mi vida personal como en mi carrera profesional.

A nivel profesional, esta experiencia me ha permitido crecer muchísimo. He tenido la suerte de trabajar con compañeros increíbles, de quienes he aprendido cada día. En Shionogi, donde trabajo en Corporate Affairs, tenemos una misión clara: “shape the future of healthcare”, transformar la salud global con cada proyecto. Y ese sentido de propósito ha sido clave en mi evolución profesional.

Tengo la oportunidad de liderar proyectos en salud pública y concienciación sobre enfermedades infecciosas como la resistencia a los antibióticos (AMR). Trabajar en este ámbito, con impacto global, me ha hecho aún más consciente de la importancia de educar a las futuras generaciones—especialmente a las mujeres—para que sigan rompiendo barreras y liderando el cambio.

¿Qué has tenido que sacrificar?

Lo primero, sin duda, es la cercanía con mi familia y amigos en España. Echo de menos esa facilidad de verlos sin planificación, de improvisar planes en el último momento, de sentirme parte de su día a día sin necesidad de organizarlo con semanas de antelación.  Y luego, mi “yo español”.  Ese lado mío que adora la espontaneidad, las conversaciones largas sin prisas, la calidez de nuestra cultura. He aprendido a ser más estructurada, a planificar más, a vivir en un entorno donde todo se agenda. Y estoy segura de que si la gente que me conoce en Londres lee esto, dirán que no puede ser verdad—porque sigo siendo la que improvisa más planes de última hora que nadie.

También he tenido que aceptar que ya no hablo ni inglés ni español… sino Spanglish. Mis reuniones son en inglés, mis mensajes de WhatsApp con amigos son mitad y mitad, y en casa con mis hijas hacemos un cóctel de idiomas que solo nosotras entendemos.  Y aunque me he adaptado bien a esta nueva vida, si pudiera, volvería a España en algún momento.

 ¿Cuál es el primer paso a seguir para continuar tu carrera en el extranjero?

Tener una mentalidad abierta y flexible. No todo funciona como en España, y  cuanto ante aceptes eso, mejor te irá. Hay que aprender a leer entre líneas, a entender la cultura del país, a saber cuándo hablar y cuándo escuchar.  Y sobre todo, hay que estar dispuesta a reinventarse. Lo que te ha funcionado en un sitio puede no funcionar en otro, y adaptarse es clave.

¿Qué consejo darías a alguien que está por desarrollar su carrera en otro país?

Que no tenga miedo a equivocarse. Es normal sentir vértigo al principio, pero lo importante es lanzarse, aprender y ajustar el rumbo sobre la marcha.

Y que no pierda su esencia. Adaptarse no significa renunciar a quién eres. Yo, por ejemplo, he aprendido a moverme en un entorno internacional sin perder mis raíces españolas. Al contrario, las llevo conmigo en todo lo que hago, en cómo crío a mis hijas y en cómo afronto cada desafío profesional.

Porque al final, lo que nos hace únicos es nuestra historia. Y esa es la mejor herramienta para triunfar en cualquier parte del mundo.

#39 – Isabel Castello Botia, Londres, Reino Unido

#39 – Isabel Castello Botia, Londres, Reino Unido